El volcán, situado a 65 km de la capital, se despertó el domingo, proyectando una inmensa columna de humo hacia el cielo y expulsando lava rojiza, lo que llevó a muchos habitantes de las montañas vecinas a abandonar sus hogares.

Cuando las autoridades hicieron sonar la alarma, alertando de un riesgo de 'erupción explosiva', muchos dejaron atrás su ganado y sus animales de compañía, sus casas y sus bienes.

'Lo dejamos todo, excepto lo que llevamos puesto', dijo Robert Cadiz, un pescador de 47 años que está entre las más de 30.000 personas se refugiaron en carpas de emergencia.
'Estamos aterrorizados', añadió.

Gerald Aseoche, pintor de casas de 30 años, dejó su hogar con sus cuatro hijos, llevándose muy pocas posesiones consigo.
Ahora, afirma que no puede ni ir al trabajo, porque no puede dejar a sus hijos solos.

'Espero que esto no dure mucho tiempo porque perderé mi trabajo si no voy inmediatamente', declaró a la AFP en un centro de evacuación.

'No puedo dejarlos...
La familia es lo primero', agregó, con uno de sus hijos al brazo.

Fuente: América Diario >> lea el artículo original